viernes, 19 de abril de 2013

Tú tan droga, yo tan adicto Capítulo 9

Un pasado, una historia


-Vamos, debemos irnos, Yúlian -dijo ella.

Estaba anocheciendo y Roxy y su hermano tenían que volver a casa se despidieron de Emily, que estaba en la cocina y de Dake. Ella le sonrió débilmente agradeciendo que no la presionara.

Se sorprendió al ver que él se levantaba del sofá en el que estaba para abrazarla fuertemente. 

-Adiós, cuídate -susurró, enviado escalofríos por todo su cuerpo.
-Claro -respondió ella, confusa.

Él sonrió y la soltó, para después acompañarlos a los dos hasta la puerta. Se despidió de Yúlian y observó como Roxy y Yúlian se perdían al final de la calle.

Ella pasó todo el camino pensando en el gesto que le hizo Dake. Al llegar a casa, hizo la cena para los dos y ayudó a Yúlian en todo lo necesario hasta que su hermano se quedó dormido profundamente. Volvió a su habitación.


  

El pequeño pueblo estaba en calma a altas horas de la noche. No había personas por la acera, excepto una que caminaba rápidamente. El muchacho de unas 18 años caminaba apresurado hacia un callejón oscuro. Al llegar, miró a ambos lados y al darse cuenta de que nadie estaba cerca, separó las grandes cajas que tenía al lado dejando a la vista un hueco más o menos de su altura que antes estaba tapado por las cajas. Decidido, él pasó por el hueco y, con mucha facilidad, volvió a ocultar el lugar. 

Al darse la vuelta, se encontró con un pasillo vagamente iluminado por las tenues luces del tejado. Caminó lentamente, vigilando ambos lados, esperando que alguien apareciera e intentara atacarle, pero eso no sucedió.

Llegó hasta una  puerta de roble viejo y la abrió. Entró en la sala ya habitada. En ella había varios hombres rudos de entre 25 y 30 años, llenos de tatuajes e intercambiando bolsas. El contenido de ellas eran unos polvos blancos que el muchacho reconoció fácilmente: Cocaína. 

Unos de los hombres se dio de cuenta de la presencia de alguien más y se giró para ver quien era. Al verlo, el hombre se acercó a él y le habló:

-Mirad, muchachos-se rió fuertemente- quien se digna a aparecer por aqui.

El hombre era alto, el más alto de todos. Su cuerpo era musculoso y la cabeza la tenía perfectamente rapada. El líder del grupo se acerco con una sonrisa maliciosa al chico, que lo observaba muy atento a sus movimientos, esperando a que atacara.

-¿A que se debe tu visita, Dake? Nos tenías abandonados. Llevas días sin venir aqui. Estábamos pensando que la chica nueva te había cambiado. No es así, ¿verdad?
-Ella no tiene nada que ver con eso. Dejadla en paz -contestó.
-¿Que pasa, dake? ¿Te avergüenzas de nosotros? ¿De tu pasado y presente? Admítelo, Dake. Llevas ¿cuanto? ¿Dos o tres años? Estás traficando con drogas. Además, ¿a cuanta gente mataste? ¿diez, veinte? No puedes permitir dejarlo ahora y sí, sé que vienes por eso. No puedes dejarlo, no sin antes hacer un último recado. Entonces, si lo haces, quedaremos en paz y te podrás ir.

-Acepto -contestó Dake, sin inmutarse.
-Cuando tengamos todo preparada te avisamos. Hasta otra, Dake. Y que sepas que aquí siempre seras bienvenido. 

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